Poemas, Sin categoría

Apnea

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Pintura: Anónimo

Aún suelo recordar esos días,
en los que el amor nos cobijaba,
y yo me enredaba,
sentía,
subía y bajaba,
pero vivía.

En cambio, ahora
solo nos queda frío y cenizas,
de aquello que fue y no será,
que renació,
pero que murió.

Ay agraciado,
yo he cometido muchos pecados,
pero ninguno ha sido como el de tu amor,
hasta el momento,
ni siquiera el fuego,
ni las ansias de unos brazos vacíos,
ni el radio de los vecinos
con todo su ruido,
ni el acalorado atardecer de agosto,
ni un mozo disfrazado,
ni un mujer peleona por falta de sexo,
ni dos locos barados,
ni la traición y su amargo sabor,
ni el poder de una tormenta,
ni el viento ferviente de un ciclón,
han podido igualarse al desamor,
junto a la fuerza de los sueños
caídos en una mañana, debajo del colchón.

Y es que yo por ti,
he pagado todas mis culpas,
cada vez que miro al pecho,
y pido que te salgas,
y no cedes,
sino que te asomas más,
y me gritas que me amas,
así como si pudieses engañarme,
y yo fuese,
otra vez,
la estúpida que se traga
todos tus desdenes y patrañas,
junto a mis reales y malditas esperanzas,
que me dicen que antes muerta,
que volver a besar tus labios,
adorar tu casa,
o volver al regazo junto al hemisferio derecho de tu alma.

Tan grande ha sido mi pecado contigo,
que ni todas las disculpas
o golpes de pecho,
podrían de una vez y por todas,
pagar mi deuda
y borrar el recelo,
que recibe mi corazón,
cada vez que a fuerza de pulmón,
intenta inadvertidamente,
borrar tus huellas,
antes de que vuelva,
repentinamente,
la apnea,
que como fiera,
hierbe en mi sangre
y me deja con un poco menos de aire.

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