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Pueblos de la frontera: Mitos y creencias

 

Estos últimos días han sido intensos. Bueno, como todos los que cubren mis horas y mis experiencias. Con decirles que no he tenido tiempo para escribir tanto como quisiera.

Mientras el sol y la lluvia dan vida a las paredes de mi casa, Anita me ayuda a organizar, todo esto para ver si así rendimos el tiempo. Y es que cuando una vive prácticamente sola, con tantos pendientes por resolver junto al devenir de la vida, es difícil hacerse cargo de todo.

En fin, Anita es una súper mujer y siempre esta sonriente. Ayer tuve la oportunidad de sentarme con ella y dialogar sobre temas  que en estos cortos días de conocernos no habíamos hablado.

Supe que su familia está en Neiba, por la Sierra de Bahoruco, de donde nacen las uvas y las tierras envueltas en agua dulce y salada. Eso ya lo sabía, pero no conocía su historia a fondo.

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Logo: Neiba noticias

Me dijo que tuvo que venir acá para así poder enviar dinero a su hija de 11 años de edad, quien hace poco fue violada y está viviendo con la abuela. Además, me comentó que tiene otra criatura de 2 años. Solo que esta vive con su padre, quien la pidió, ya que Anita no podría hacerse cargo de la bebe.

Ambas niñas son hijas de diferentes padres. El de la mayor, la embarazó y se fue; ella tenía unos 16 años. Y el de la menor, es económicamente y socialmente diferente a Ana, la ha subestimado y no la ha querido como esposa. Me dijo.

Pero dentro de toda esta historia, algo que ha llamado mi atención, ha sido la tristeza que toda su vida ha embargado el corazón de esta mujer. Desde el haber nacido con menores oportunidades hasta el haberse enamorado y ser subestimada  por el simple hecho de no tener la exigida condición social o económica.

Me contó que la familia, del hombre del cual se enamoró, le hizo la vida imposible. A tal nivel de intentar matarla, de quemar su casa, y de al final, cuando no pudieron eliminarla con tales tácticas, practicarle brujería. Eso me dejó fría. Confieso que me pareció una novela o película.

Nuestra conversación prosiguió, con ella contándome acerca de las creencias de su pueblo. De los rituales, del vudú y sus practicantes, de la gente que creía en poderes misteriosos, de la influencia africana, y de cuán dañino podría ser esto sobre quien era lanzado.

Añadió, además, que desde aquel entonces asiste a una iglesia y que durante largos meses fue obligatorio visitar al psicólogo, producto del daño emocional que tales experiencias habían traído a su existencia. Adicional a esto, expresó no sentir vergüenza de aceptar que estuvo en comunicación con un terapeuta, pues entendió que dado el caso, fue saludable.

Las historias me dejaron perpleja. Es increíble cómo los pueblos crean sus mitos, y cómo las creencias hacen efecto a través del eco que produce practicarlas. A la vez, sentí miedo, o grima como dicen en el campo. Eso no lo niego.

En otro orden, confieso, que dado mi espíritu de periodista, sentí deseos de investigar más y buscar respuestas de porqué suceden o se dan estos acontecimientos. Así que continué leyendo en internet lo que antes había leído. Pienso que buscar información nunca está mal. Luego pude percibir cierta sensación en mí, luego me calme y no supe más.

Yo creo que esos asuntos de hechicería, de maldad y de disturbios, no son más que el producto de la imaginación del cerebro humano en medio de las cosas que uno mismo se repite o se dice. El poder de las palabras en repetición, crean una fuerte emoción en nosotros, haciendo que las hormonas excitación se eleven y den vida a un estado de delirio mental. Mejor que sea eso.

Ahora, paso cerca de casa y a veces veo a Anita en otro hogar, practicando el aseo. La miro y la saludo. Agradezco que me haya confiado tanto. Sin embargo, tengo días que no le veo en casa. Ella solo va cuando la llamo, para ayudarme. Imagino que en estos días todo está limpio, he podido sola. Por otro lado, es posible que en estos momentos conserve un sabor entre dulce-amargo de las culturas y creencias de pueblos ubicados en la frontera de mi país con Haití.

Pero de todas formas, siempre es bueno conocer. Y yo feliz e interesada en hacerlo, aunque con cierta grima.

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Foto: http://www.lareligionenlibertad.com

Hasta el próximo post.

Gracias a quienes me han escrito a mi correo: Carmen.fupsion@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “Pueblos de la frontera: Mitos y creencias”

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