Memorias

El condenado

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Fotografía: Anedrew Corburn

Hola,
he llegado a la conclusión de que deben
detener al hombre que posee la camisa marrón;
ese de ojos claros,
sensuales piernas
y cuya sonrisa es más dulce que el melón.

Deben encerrarlo y vigilarlo,
cuestionarlo ante el juez,
llevarlo a prisión.

Y es que él se ha robado,
la nada en medio de todo,
el grito estrangulado
el llanto seco,
el destino sin camino,
el beso de un fantasma,
la vida sin vida,
el ruido en el silencio,
la lluvia en la tormenta,
el velero de un sueño perdido,
el amanecer sin sol,
las horas contadas sin tiempo,
el existir ausentado del amor.

Necesitan cuestionarlo!
él es el epicentro del huracán,
el eco multiplicado sin razón,
la sombra que no abandona,
la promesa hecha cedro maduro,
la diosa de ébano sin pulir,
la diva afroantillana
o la historia milenaria
convertida en marfil.

Él merece recibir una larga condena.
Sí, de esas que daba Trujillo,
en los tiempos de la palmita,
cuando las casas parecían una guerra
o cuando las mujeres,
por no amarle,
recibían pena.

Pero que no lo maten!
No, yo sólo quiero que le hablen!
Pregúntenle,
¿Cuáles son sus poderes?
¿Cómo atrapó la golondrina voladora?
¿Cómo alcanzó la victoria matinal?
¿Cómo tomó el jilguero plantado en mi núcleo?
¿Dónde estudió artes intrusas y aventuradas?
¿Cómo llegó al caudal?

Incluso,
tan interesada estoy
en que lo apresen,
que yo podría darles su transitoria dirección:
Él se esconde en el espíritu de las sirenas,
y cuando cae la noche se dirige a mis venas;
traspasa mis delicados músculos,
se da un baño de sales en mi alma,
y luego se dirige al crepúsculo
de mis entrañas,
donde se queda estacionado,
así sin decir media palabra.
Ven, porqué les digo que estudió artes figonas?
es un entrometido.

Tanto lo percibo;
que si para buscarlo y encontrarlo,
podrían necesitar un perro,
falta no haría.
Yo olerlo y describirlo muy bien podría:
Su aroma se asemeja al de las rosas,
así como la seda cubriendo la luna,
el color violeta vuelto alborada,
el pudor deshecho fundido en el campo,
las flores de oriente en su dulce embriaguez
o el hurí del olor que el cielo topacio abandonó.

Es una mezcla de todo y nada.

Entonces,
yo quiero que lo encierren
en una sala oscura.
Y que sea fuertemente acusado;
por robarse mis noches,
por utilizar poderes extraños,
por lanzar el áureo ultrajado…
y pegarme,
con el mágico ritmo de su paso,
en el ventrículo izquierdo de mi corazón,
donde se encuentran mis jirones de vapor,
mi automóvil sentimental,
mi pecho diligente,
mi médula a fuerza de timón,

mi cupido enamorado.

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