Memorias, Poemas, Poesía, Realidades

Al derecho y al revés 

 

Fotografía: Anedrew Cuborn

 

Ay mi gran héroe,
vencedor de tantas batallas,
cuanto quisiera poder
salvarte de esta,
y darte la mitad de una vida,
convertida en fuerza y esperanza.

Quisiera
entregarte mis ojos vueltos sol y luna,
para que junto a tus sueños
viajen por el libre transitar del tiempo,
y te quedes un poco más,
estacionado en el universo.

Ojalá pudiera entregarte mis pies,
para que cubras con tus maravillas el suelo;
y darte mis manos para que materialices
las estrellas a través de ellas.

Oh sí, cuánto quisiera!
regalarte la mitad de mi albedrío,
para que flujas emancipado
y listo para navegar cualquier río;
y entonces,
grites bravamente,
“¡Estoy vivo!”

Oh sí, quisiera
entregarte mi curvatura,
mis misterios,
mis dudas,
mis alas silvestres,
mis miedos,
mis preguntas,
mis quizá,
un poco y algo más;
para que puedas sonreír,
para que no tuvieras que morir.

Me gustaría
poner a tu servicio
mis piernas y mi espalda,
para que a grito de guerra,
de la tierra al cielo
y del cielo a la tierra,
puedas engrendar el árbol
del temple junto a las mariposas
de la libertad y la confianza.

Y quisiera,
también,
entregarte mis abrazos;
para que no temas,
para que seas la ventana de dos hojas,
el mar que rompe las olas,
la playa que acaricia,
la montaña viva,
el naranjo que espera bajo su sombra,
el océano que se divide para ver los pájaros pasear,
la mata de coco dando golpes en el aire,
la alegría y la simpleza natural.

Y es que me gustaría, 
regalarte una vida entera,
al derecho y al revés,
al color que no ves,
al blanco y negro,
con un arcoiris en el centro,
un par de novios bailando,
dos enamorados riendo y gozando,
dos palmas repletas de amor, vida y encanto.

Quisiera,
oh cuánto quisiera!
poder observar ansiosos tus ojos,
y detener el tiempo,
tomarlo en mi mano,
definir todo.

Y así,
regalar gritos de victoria
y de enojo,
vidas, encuentros,
tesoros,desdichas,
errores, abandonos,
consuelos, felicidades,
tristezas, luchas y verdades,
todo eso y un poco más,
al derecho y al revés.

Pero no puedo. 

No me es posible detener la luz ni el tiempo,
ni la carne volviéndose polvo en tierra,
ni las cenizas de abono para las plantas,
ni el espejo haciendo reflejo de las huellas,
ni la voz hecha silencio,
ni el censo y sus conteos,
ni los huesos del olvido
haciéndose semilla en otro cuerpo.

Dedicado a los abuelos. Especialmente a Carlos Guzmán Luna, mi abuelo. 

Anuncios