Poemas, Poesía

Incrustado 

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Arte: Anónimo 

Le amaba tanto que le faltó el aire cuando se fue,
y el aguacero preñó los ríos,
y el huracán llevó los cerros a los mares,
y la guitarra cantó dolores,
y el verano se volvió invierno,
clima de toro desatado,
gobernador de venas y corazones.

Se sentó a esperar,
y se dijo:
“Él vuelve a casa,
aunque se oponga el cielo,
aunque no tenga alas para volar,  aunque nos separe el océano,
y nuestra alma hoy sea sólo dardos
que no podamos entender.
Y si él no vuelve,
me conformaré
con que sea feliz,
aunque suceda sin mi.”

Le esperó tanto,
que no probó
otros labios porque no pudo,
conservándose pura,
tratándole como si fuese su aire,
su luna,
su águila real,
su brújula,
su viento,
su norte,
su paz,
su fé.

Recordando aquellos días,
en los que nada fue más grande que el amor,
en los que no importaba ir a pie a la universidad,
si el dinero se utilizaba para el teléfono celular,
para poder llamarle,
para estar;
Aquellos inviernos que se hacían primavera,
y otoños incrustados en una luna llena,
de cuando los ojos ardidos en esperanza,
se conectaban y conservaban el mapa
que les permitía volver a casa.

Le amaba tanto que atravesó
sus espinas,
dobló sus rodillas,
caminó sus lunares y los recordó
de por vida.
Y es que tanto le amó
que ni las cenizas de lo que quedó
equivale a la mentira
que durante mucho tiempo fue olvidarle y dejarle a la deriba.

Sin embargo,
después de un breve instante,
así con el mismo amor,
ella comprendió;
Y con el mayor respeto
le dio sepultura,
no lloró su entierro,
óbito,
sus últimas palabras,
su cruel silencio,
su tumba tranquila,
quieta,
taciturna,
junto a sus flores y el pañuelo,
así como él lo quiso,
sin ruidos ni dolor,
destruyendo todo aquello que pudiese unirlos,
devorando todo recuerdo,       partiendo desde cero.

En ese momento,
entendió que olvidar
es también amar;
que dejar atrás
es salud,
que no hay mayor amor
que aquel que uno
puede darse,
sin apegos,
ambición o ego;
que hay gente que aunque se vaya,
siempre seguirá viva,
que morir es una mentira invertida,
cuando se trata de dos corazones
que una vez fueron conectados;
que quizá nunca le olvidaría,
que la paciencia podría ser eterna,
pero que a vivir sin él aprendería, aunque le tomara varias lunas, amaneceres, noches vacías
u otras vidas;
que nada sabía,
sólo que nunca jamás le amaría           ni dejarse amar podría.

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